A primera hora de la mañana (para ser exactos 6 am) me encontraba parado frente a una vaporera humeante que mezclaba los olores de dulce, chile, picadillo, tersos y esponjados tamales en plena central de abastos del distrito federal que son transportados en los llamados “diablitos” , colgando de una oreja de la olla (asa) una bolsa de plástico de color azul (de las que normalmente llamamos de camiseta) un montón de teleras a la espera de ser rebanadas por uno de sus costados para la preparación de las tradicionales “Guajolotas”, que es una pan relleno del tamal de su elección, preferentemente salado, aunque ciertamente en este punto no creo que sea una aberración que pudiera ser de dulce de igual forma. Nunca antes había probado la torta de tamal, de hecho me mostré escéptico por un instante, seguido de mi titubeo pasaron por mi mente diferentes preparaciones que pudieran asemejarse no tanto en su sabor, sino más bien sobre el concepto de un pan relleno con otros productos que se consumen regularmente de una forma distinta; Tortas Ahogadas (Pan + Carnitas + Frijoles +Salsa + Cebollas Desflemadas), Guacamayas ( Pan + Chicharrón Seco + Huevo Cocido + Aguacate +Salsa) , Tortas de Chilaquiles ( Pan + Chilaquiles + Cebolla + Queso + Crema), así que deje de darle vueltas al asunto y pedí mi guajolota de mole verde, terminando por despejar mi escepticismo, las tortas de tamal son la onda…Acambaro
De vuelta al Estado de México, realice una escala técnica para continuar con mi camino hacia Acámbaro, Guanajuato (23:30hrs), este es uno de los pueblos que limita a su vez con el Estado de Querétaro y Michoacán, donde en anteriores ocasiones he podido probar el famoso y tradicional Pan Grande de Acámbaro (Pan tallado), así como sus acambaritas (tipo semitas que pueden comerse en salado; tortitas de mole con pollo o en dulce untadas de mermelada, cajeta, mantequilla o nata con azúcar. En la esquina de la Calle Matamoros con Aldama a partir de las 11 am puedes encontrar a Martin “Jicamas”, en su pequeño puestecito con su vitrina repleta de Vasos de fruta, un tupperware con carne apache (ceviche de carne de res molida con: jitomate, cebolla, cilantro, vinagre, chile chipotle y chile Jalapeño) que sirve en tostadas fritas, previamente secadas al sol y sazonadas con sal fina, así como sus refrescantes rebanadas de jícama con cebolla, queso fresco, vinagre, chile en polvo, jugo de naranja, limón y sal.

bida hacia el monumento de Jose Maria Morelos encontramos restaurantes típicos, así como tiendas de artesanías que venden entre otras cosas las mascaras de una de las danzas más representativas del estado de Michoacán “T'ARCHE UARAKUA”, mejor conocida como la “Danza de los Viejitos”, en el camino encontramos algunos comalitos con gorditas de nata, así como los tradicionales panes rellenos de Chilacayota, que se asemejan a unas empanadas de considerable volumen con un relleno de esta variedad de curcubitácea cocida con piloncillo.
De vuelta a tierra firme, en Pátzcuaro (15:00hrs) el recorrido se enfoco principalmente a buscar productos, platillos o recetas que fueran originales de la localidad, encontramos los tamales de trigo, así como los de migajón, diversidad de panes, entre los más tradicionales estaban los de natas, dulces típicos a base de rompope y membrillo, en el mercado de antojitos, había Uchepos, atole negro (preparado con cabello de elote tostado), tamales de zarzamora, caldo Michí y las originales enchiladas placeras de “Don Emilio”, en un puesto de dimensiones considerables con lonas de color naranja que cubrían las bancas y mesas comunitarias donde los parroquianos y visitantes disfrutaban de la especialidad de la casa, si digo basto me quedo corto, podría decir inmenso plato de enchiladas (Tortillas sumergidas en Adobo, pasadas por aceite o manteca caliente, con variedad de rellenos) que se freían a grandes cantidades y se disponían en platos de aproximadamente cincuenta centímetros de largo a los que se les adicionaba: piernas y muslos de pollo con zanahorias y papas salteadas, col rebanada, chiles Jalapeños o Manzanos encurtidos, Queso de mesa desmoronado y Queso Oaxaca deshebrado, salsa de jitomate y crema sobre una cama de lechugas, casi imposible terminar con el plato. La verdad ni me duro tanto….
Después de las enchiladas placeras había que camina un poco, trataba
de conocer en el menor tiempo posible la cantidad de cosas que tenía por descubrir, en los portales que colindan con la plaza que alberga la escultura de Gertrudis Boca Negra (una de las principales impulsoras de las ideas independentistas de esta región del país) se encontraban apilados y ordenados los crujiente buñuelos del Barrio de la Inmaculada, ligeros y livianos que no podrían ocultar su paso por el aceite caliente y su baño de piloncillo, este sería el ultimo bocado del día. El poco tiempo que quedaba de luz, lo aproveche para recorrer la casa de los once patios (Antiguo Convento de las Monjas Dominicas de Santa Catarina) donde actualmente se exhiben y comercializan artesanías de la región, telares, grabados en madera con hoja de oro y tejidos en manta con motivos purépechas. Después de recorrer el ex convento, tuve la fortuna de apreciar camino al hotel la tradicional danza de los viejitos ejecutada por el grupo de difusión cultural de la localidad. Era hora de tomar un descanso para continuar el recorrido al día siguiente.
Hace tiempo que vengo trabajando en hoteles, mismos que por sus características algunas de sus alas de habitaciones se encuentra cerca de la cocina, no sé si le pase lo mismo a todos los huéspedes, en lo particular despertar con el confortante olor a zumo de naranja recién exprimida, pan saliendo del horno o el olor chilaquiles humeantes hace agradecer tan sensible despertador y mejor aún que alguien esté haciendo este agradable trabajo mientras lanzo los primeros estiramientos de la mañana.
Como la finalidad de este viaje es meramente investigativo había que regresar al mercado para ver las opciones matutinas, existiendo dos posibilidades, la primera obviamente de reconocimiento meramente profesional (la de buscar platillos o productos regionales para incrementar el acervo gastronómico nacional) y la de segunda instancia que radica específicamente en que es lo que le apetece a la tripa como impulso goloso. Así que una pequeña caminata y una revista ligera a la altura del hombro a los lugares que se veían más frecuentados por los patzcuareños fue la mejor inspección. Entre los pues
tos de pequeñas dimensiones encontramos las corundas (Tamales en forma triangular envueltos en hojas de milpa tierna, rellenas de pollo, cerdo o rajas de chile poblano), servidos con una salsa de jitomate y crema fresca. Unos metros más adelante los atoles, entre ellos el tradicional atole blanco, enseguida por un angosto pasillo había variedades de tacos, entre los que resaltaban los de carnitas (Se dice que en Michoacán se comen de las mejores carnitas en todo México), a escasos diez metros la gente hacia un poco mas de tumulto, donde se encontraban unas ollas grandes de barro (de aproximadamente un metro de diámetro) que contenían en su interior burbujeante consomé de borrego y de res que calentaba perfectamente la barbacoa que podías pedir por tacos u orden (un plato de la carne de tu selección: Maciza, Cabeza o Montalayo por decir algunas partes). Caminar por ese pasillo seria una tortura para los que cuidan la línea, locales más adelante se podían ver ollas de barro de menores dimensiones con variedad de guisados: Mole de olla, Chiles Rellenos, Pollo con Mole Rojo, Arroz a la Jardinera, Suadero en Salsa Verde, Mollejas de Pollo a la Mexicana, Tacos Dorados, Mole Pepita de Calabaza, Huevos con Ejotes………

Un cuarto de corunda, dos tacos de barbacoa y un atole blanco fueron mi cuota, para seguir a Santa Clara del Cobre, donde no probé nada, sin embargo compre un cazo para hacer garapiñados, como acompañamiento de ensaladas o para un snack más relajado, receta que dejare en un próximo post con otras dos de este recorrido. En santa clara se encuentran una cantidad importante de talleres dedicados al trabajo de este metal, se pueden encontrar desde pequeños recuerdos de visita, sartenes y utensilios de cocina, hasta piezas más artísticas elaboradas a base de cobre que por lo general son para la exportación y terminan en los lobby´s, así como en las habitaciones de importantes cadenas hoteleras alrededor del mundo. Unas autenticas obras de Arte. La estancia en Santa Clara fue corta, visite algunos talleres donde te explican el proceso de fundición y trabajo de este metal, un poco de tiempo más en las galerías por lo que las cuatro horas invertidas en este lugar fueron bastante productivas para seguir con el recorrido hasta llegar a Morelia la Capital del Estado.
base de frutas, jaleas, cocadas, nieves de pasta y chocolates hechos con azúcar como productos típicos de la región, así como los gazpachos de Fruta que se preparan con: Jícama, Piña, Mango, Jugo de Naranja, Limón, Queso Fresco Rallado y Chile Molido que tienen algunos sesenta años preparando algunas familias en el centro de la ciudad, receta que me parece similar a las “escamochas” del mercado libertad de mi ciudad natal. Al no encontrar cocina más representativa de Morelia antes de hacer el regreso al Estado de México, un vuelve a la vida y un arroz con pulpo hicieron el quite esperando que por lo menos los productos fueran de la Costa Azul Michoacana. Hubiera estado de perlas que fueran de Lázaro Cárdenas…Debo tres recetas
