2009-06-17

lo que tenia que contar sobre...

Por fin me encuentro con las manos en el teclado de la portátil después de dos semanas queriendo registrar la experiencia sobre mi último Viaje Express. Este tipo de recorridos (que se están haciendo cada vez más regulares) tienen algunas características suigeneris, una de ellas y quizá la más peculiar de todas son las anormales horas de partida (esta ocasión salí a las 3 a.m ). Otra es, que por lo general son trayectos en carretera, debo confesar que lo encuentro un poco terapéutico a eso de estar al volante, sin embargo no creo que lo disfruten los conductores que por algún motivo me llevan de copiloto, algún extraño efecto me convierte cual arpilla de papas sumergido en múltiples sueños, sufro de un trastorno que bien podríamos denominar como narcolepsia de copiloto.
Este recorrido termino 60hrs. después de iniciarlo, “tocando” lugares dentro de su trayectoria como Valle de Bravo, Distrito Federal, Acambaro, Patzcuaro, Janitzio, Morelia y Santa Clara del Cobre(ciudades de cuatro estados distintos de la república, que convergen en sus divisiones políticas) , y me refiero con la palabra “Tocando” a los lugares en los cuales tuve la oportunidad de probar, conocer o saborear con un “giro” distinto algunos platillos que son tradicionales y que se van adaptando a las regiones del país debido a su clima o sus costumbres.
D.F
A primera hora de la mañana (para ser exactos 6 am) me encontraba parado frente a una vaporera humeante que mezclaba los olores de dulce, chile, picadillo, tersos y esponjados tamales en plena central de abastos del distrito federal que son transportados en los llamados “diablitos” , colgando de una oreja de la olla (asa) una bolsa de plástico de color azul (de las que normalmente llamamos de camiseta) un montón de teleras a la espera de ser rebanadas por uno de sus costados para la preparación de las tradicionales “Guajolotas”, que es una pan relleno del tamal de su elección, preferentemente salado, aunque ciertamente en este punto no creo que sea una aberración que pudiera ser de dulce de igual forma. Nunca antes había probado la torta de tamal, de hecho me mostré escéptico por un instante, seguido de mi titubeo pasaron por mi mente diferentes preparaciones que pudieran asemejarse no tanto en su sabor, sino más bien sobre el concepto de un pan relleno con otros productos que se consumen regularmente de una forma distinta; Tortas Ahogadas (Pan + Carnitas + Frijoles +Salsa + Cebollas Desflemadas), Guacamayas ( Pan + Chicharrón Seco + Huevo Cocido + Aguacate +Salsa) , Tortas de Chilaquiles ( Pan + Chilaquiles + Cebolla + Queso + Crema), así que deje de darle vueltas al asunto y pedí mi guajolota de mole verde, terminando por despejar mi escepticismo, las tortas de tamal son la onda…


Por cierto, que se acompañan por atoles o champurrado (que es un atole de chocolate, masa y canela). El resto de la mañana fue dedicado a conocer la central que abastece de alimentos a una de las capitales más grandes del mundo, comparar precios y conocer algunos nuevos productos.


Acambaro

De vuelta al Estado de México, realice una escala técnica para continuar con mi camino hacia Acámbaro, Guanajuato (23:30hrs), este es uno de los pueblos que limita a su vez con el Estado de Querétaro y Michoacán, donde en anteriores ocasiones he podido probar el famoso y tradicional Pan Grande de Acámbaro (Pan tallado), así como sus acambaritas (tipo semitas que pueden comerse en salado; tortitas de mole con pollo o en dulce untadas de mermelada, cajeta, mantequilla o nata con azúcar. En la esquina de la Calle Matamoros con Aldama a partir de las 11 am puedes encontrar a Martin “Jicamas”, en su pequeño puestecito con su vitrina repleta de Vasos de fruta, un tupperware con carne apache (ceviche de carne de res molida con: jitomate, cebolla, cilantro, vinagre, chile chipotle y chile Jalapeño) que sirve en tostadas fritas, previamente secadas al sol y sazonadas con sal fina, así como sus refrescantes rebanadas de jícama con cebolla, queso fresco, vinagre, chile en polvo, jugo de naranja, limón y sal.


Dormir en Acámbaro es una experiencia singular, por las noches a partir de las 21:00hrs el pueblo se guarda, puedes caminar tranquila y libremente por sus calles. O si así lo decides como en mi caso, descansar tranquilamente para continuar con mi camino, te podrás percatar que durante el día el pueblo se vive con otro ritmo ya que al ser cabecera municipal de Chupícuaro, Jerécuaro, Jaripeo, Inchamácuaro, Chamacuarillo, y una decena más de rancherías los pobladores circunvecinos llegan a San Francisco de Acambaro en busca de productos y a su vez ofertando sus cosechas: Chiles, calabazas, maíz, garbanzo, etc. A las doce del día eso está en su pleno apogeo.



Janitzio

De Acámbaro a Pátzcuaro por autopista es un trayecto de una hora y media, pasando por las afueras de Zinapécuaro y Morelia (Capital del estado de Michoacán), el primer destino a visitar es la isla de Janitzio que se encuentra a 25 minutos en lancha (único medio de transporte), donde la comida más tradicional y casi en extinción es el Pescado Blanco, que lo preparan al momento y al gusto de los visitantes: Capeado, Asado, Frito, Al mojo de Ajo, por lo general servido con tortillas recién hechas en comal, con la peculiaridad de amasar la masa en metate, lo cual lo hace más atractivo. La fuente de ingresos de la isla es el turismo, por lo que en la subida hacia el monumento de Jose Maria Morelos encontramos restaurantes típicos, así como tiendas de artesanías que venden entre otras cosas las mascaras de una de las danzas más representativas del estado de Michoacán “T'ARCHE UARAKUA”, mejor conocida como la “Danza de los Viejitos”, en el camino encontramos algunos comalitos con gorditas de nata, así como los tradicionales panes rellenos de Chilacayota, que se asemejan a unas empanadas de considerable volumen con un relleno de esta variedad de curcubitácea cocida con piloncillo.


El recorrido a la isla de Janitzio es bastante interesante, y quien ha vivido las celebraciones del día de los muertos aseguran que es una tradición que no olvidaras por el resto de tu vida, incluso se encuentra catalogada como patrimonio cultural de la humanidad, espero poder regresar para presenciar esta experiencia.


Pátzcuaro


De vuelta a tierra firme, en Pátzcuaro (15:00hrs) el recorrido se enfoco principalmente a buscar productos, platillos o recetas que fueran originales de la localidad, encontramos los tamales de trigo, así como los de migajón, diversidad de panes, entre los más tradicionales estaban los de natas, dulces típicos a base de rompope y membrillo, en el mercado de antojitos, había Uchepos, atole negro (preparado con cabello de elote tostado), tamales de zarzamora, caldo Michí y las originales enchiladas placeras de “Don Emilio”, en un puesto de dimensiones considerables con lonas de color naranja que cubrían las bancas y mesas comunitarias donde los parroquianos y visitantes disfrutaban de la especialidad de la casa, si digo basto me quedo corto, podría decir inmenso plato de enchiladas (Tortillas sumergidas en Adobo, pasadas por aceite o manteca caliente, con variedad de rellenos) que se freían a grandes cantidades y se disponían en platos de aproximadamente cincuenta centímetros de largo a los que se les adicionaba: piernas y muslos de pollo con zanahorias y papas salteadas, col rebanada, chiles Jalapeños o Manzanos encurtidos, Queso de mesa desmoronado y Queso Oaxaca deshebrado, salsa de jitomate y crema sobre una cama de lechugas, casi imposible terminar con el plato. La verdad ni me duro tanto….


Después de las enchiladas placeras había que camina un poco, trataba de conocer en el menor tiempo posible la cantidad de cosas que tenía por descubrir, en los portales que colindan con la plaza que alberga la escultura de Gertrudis Boca Negra (una de las principales impulsoras de las ideas independentistas de esta región del país) se encontraban apilados y ordenados los crujiente buñuelos del Barrio de la Inmaculada, ligeros y livianos que no podrían ocultar su paso por el aceite caliente y su baño de piloncillo, este sería el ultimo bocado del día. El poco tiempo que quedaba de luz, lo aproveche para recorrer la casa de los once patios (Antiguo Convento de las Monjas Dominicas de Santa Catarina) donde actualmente se exhiben y comercializan artesanías de la región, telares, grabados en madera con hoja de oro y tejidos en manta con motivos purépechas. Después de recorrer el ex convento, tuve la fortuna de apreciar camino al hotel la tradicional danza de los viejitos ejecutada por el grupo de difusión cultural de la localidad. Era hora de tomar un descanso para continuar el recorrido al día siguiente.

Hace tiempo que vengo trabajando en hoteles, mismos que por sus características algunas de sus alas de habitaciones se encuentra cerca de la cocina, no sé si le pase lo mismo a todos los huéspedes, en lo particular despertar con el confortante olor a zumo de naranja recién exprimida, pan saliendo del horno o el olor chilaquiles humeantes hace agradecer tan sensible despertador y mejor aún que alguien esté haciendo este agradable trabajo mientras lanzo los primeros estiramientos de la mañana.

Como la finalidad de este viaje es meramente investigativo había que regresar al mercado para ver las opciones matutinas, existiendo dos posibilidades, la primera obviamente de reconocimiento meramente profesional (la de buscar platillos o productos regionales para incrementar el acervo gastronómico nacional) y la de segunda instancia que radica específicamente en que es lo que le apetece a la tripa como impulso goloso. Así que una pequeña caminata y una revista ligera a la altura del hombro a los lugares que se veían más frecuentados por los patzcuareños fue la mejor inspección. Entre los puestos de pequeñas dimensiones encontramos las corundas (Tamales en forma triangular envueltos en hojas de milpa tierna, rellenas de pollo, cerdo o rajas de chile poblano), servidos con una salsa de jitomate y crema fresca. Unos metros más adelante los atoles, entre ellos el tradicional atole blanco, enseguida por un angosto pasillo había variedades de tacos, entre los que resaltaban los de carnitas (Se dice que en Michoacán se comen de las mejores carnitas en todo México), a escasos diez metros la gente hacia un poco mas de tumulto, donde se encontraban unas ollas grandes de barro (de aproximadamente un metro de diámetro) que contenían en su interior burbujeante consomé de borrego y de res que calentaba perfectamente la barbacoa que podías pedir por tacos u orden (un plato de la carne de tu selección: Maciza, Cabeza o Montalayo por decir algunas partes). Caminar por ese pasillo seria una tortura para los que cuidan la línea, locales más adelante se podían ver ollas de barro de menores dimensiones con variedad de guisados: Mole de olla, Chiles Rellenos, Pollo con Mole Rojo, Arroz a la Jardinera, Suadero en Salsa Verde, Mollejas de Pollo a la Mexicana, Tacos Dorados, Mole Pepita de Calabaza, Huevos con Ejotes………

Santa Clara del Cobre

Un cuarto de corunda, dos tacos de barbacoa y un atole blanco fueron mi cuota, para seguir a Santa Clara del Cobre, donde no probé nada, sin embargo compre un cazo para hacer garapiñados, como acompañamiento de ensaladas o para un snack más relajado, receta que dejare en un próximo post con otras dos de este recorrido. En santa clara se encuentran una cantidad importante de talleres dedicados al trabajo de este metal, se pueden encontrar desde pequeños recuerdos de visita, sartenes y utensilios de cocina, hasta piezas más artísticas elaboradas a base de cobre que por lo general son para la exportación y terminan en los lobby´s, así como en las habitaciones de importantes cadenas hoteleras alrededor del mundo. Unas autenticas obras de Arte. La estancia en Santa Clara fue corta, visite algunos talleres donde te explican el proceso de fundición y trabajo de este metal, un poco de tiempo más en las galerías por lo que las cuatro horas invertidas en este lugar fueron bastante productivas para seguir con el recorrido hasta llegar a Morelia la Capital del Estado.


Morelia
Llegar a Morelia (13:00hrs) arroja dejos de nostalgia, su centro histórico por algunas calles me recuerda a Guadalajara, la ciudad fue formada por las 45 familias más acaudaladas de la Antigua Valladolid y toma ahora su nombre en honor a Don Jose Maria Morelos y Pavón (El Ciervo de la Nación). Por lo que es fácil encontrar una gran cantidad de iglesias y ex-conventos con remates visuales al final de las calles ubicadas en el centro histórico construidas durante los siglos XVI al XIX marcadas distintivamente por los estilos barrocos y neoclásicos. Se esto porque la mejor opción de conocer un lugar con poco tiempo para recorrerlo intuitivamente, es atreves de un guía, y esta fue una decisión acertada, tomar el pequeño tren turístico que sale cada hora al costado de la Catedral Moreliana, que se caracteriza por su cantera rosa y su estilo tablerado la cual tardo ochenta y cuatro años en su construcción total. El recorrido duro una hora, pasando por los monumentos civiles (el Acueducto, la Fuente de las Tarascas, la Calzada Fray San Antonio de San Miguel), los edificios más representativos durante el periodo del virreinato y pos independentista (Palacio de Justicia, Palacio Municipal, Palacio Federal, Palacio de Gobierno) y las construcciones de la Iglesia fuerte mente arraigada en este territorio del país (Templos, Conventos, Iglesias, Claustros y Colegios) el que pude conocer en su interior el Santuario de Guadalupe decorado en sus bóvedas y cúpulas por rosas de estilo barroco de diferentes dimensiones, así como sus murales alusivos al periodo de la evangelización posterior a la conquista, con la finalidad de eliminar los rituales y las ofrendas del mundo prehispánico. El final del recorrido termino en el museo del dulce, donde hay una pequeña muestra de cómo se elabora tradicionalmente el Ate de Membrillo en las instalaciones simuladas de una cocina de la época que data del siglo XVIII, que explica el uso de la pectina natural del membrillo, así como la del perón y el tejocote como agentes gelificantes. Curiosamente los colaboradores del museo utilizan trajes alusivos a esta época de marcada influenza porfirista. La visita a Morelia se convirtió casualmente en un recorrido histórico, algo diferente de lo que nos encontrábamos buscando, sin embargo al momento de preguntar a los guías sobre la cocina típica del Morelia, todos coincidieron en la ausencia de un platillo representativo, pero sin embargo reconocen la producción de dulces a base de frutas, jaleas, cocadas, nieves de pasta y chocolates hechos con azúcar como productos típicos de la región, así como los gazpachos de Fruta que se preparan con: Jícama, Piña, Mango, Jugo de Naranja, Limón, Queso Fresco Rallado y Chile Molido que tienen algunos sesenta años preparando algunas familias en el centro de la ciudad, receta que me parece similar a las “escamochas” del mercado libertad de mi ciudad natal. Al no encontrar cocina más representativa de Morelia antes de hacer el regreso al Estado de México, un vuelve a la vida y un arroz con pulpo hicieron el quite esperando que por lo menos los productos fueran de la Costa Azul Michoacana. Hubiera estado de perlas que fueran de Lázaro Cárdenas…

Debo tres recetas

2009-06-06

Michoacán (Vive México 1° Parte)



Acabo de editar este corto video de mi viaje a Michoacán, son muchas fotos por lo que decidí mostrárselos de esta forma y no como comúnmente lo hago, mañana con un poco más de tiempo redactare las cosas más relevantes del viaje y desglosare las fotografías para ilustrar los textos. Probé de cosas y seguí algunas de sus recomendaciones, espero ordenar todas las ideas y aterrizarlas a la brevedad. Con que razón le nombran a Michoacán ¡El Alma de México!

2009-06-01

Tejuino Cocktail

Esperando que estos días retomen su curso ordinario (Exceso de Trabajo), me dispuse a realizar una receta tradicional de Guadalajara, es una bebida nombrada Tejuino, que se realiza a base de maíz, piña y piloncillo. Se prepara con ingredientes muy básicos y lo más importante como cualquier receta, es respetar los pasos y los tiempos de cada proceso. El resultado es idéntico a las bebidas que se venden en los mercados y en los tianguis del estado de Jalisco, pueden acompañar con nieve de garrafa de limón (sorbete de limón), sal de grano y Jugo de limón, no siendo totalmente indispensable la nieve. Les dejo la receta y la fotografía del tejuino cocktail. Que no es otra cosa que tejuino en copa martinera, ya si le quieren agregar piquete (Alcohol) es otra cosa, pero por lo regular no lo lleva.


Ingredientes:

Piloncillo 1.500Kg, Piña Pelada 1Pza (Licuada y colada), Masa de Maíz 1kg, Agua Natural 3lts.
Procedimiento:
Fundir a fuego medio el piloncillo, la idea es formar un caramelo ligero, cuando el piloncillo se encuentre totalmente fundido, incorpore el jugo de la piña, lleve a hervor hasta que el caramelo se disuelva completamente, durante el tiempo en que el caramelo se disuelve con el jugo de piña, disuelva la masa de maíz en el agua natural, hasta obtener un liquido terso, sin grumos, puede colar de preferencia para cerciorarse que la masa de ha disuelto a la perfección. Enseguida agregue esta masa disuelta en la olla con el jarabe que se ha formado con el caramelo de piloncillo y el jugo de la piña. Reduzca la temperatura del fuego y mezcle constantemente (Preferentemente con una pala de madera), el objetivo es cocer perfectamente la masa (como formando un atole), evitando que la mezcla se asiente y se queme en el fondo de la olla (esto es muy importante), este proceso puede durar hasta 45 minutos, lo más recomendable es no separarse de la olla mientras dura este proceso. Se dará cuenta que puede dejar de mover la mezcla cuando se forme un atole grueso y le cuesta trabajo seguir batiendo (significa que nuestra masa esta cocida).


Tape con un paño húmedo y limpio. Deje reposar por una noche.

Al día siguiente se percatara que se formo un bloque tipo gelatina, en este punto, la masa base del tejuino ha desarrollado un sabor peculiar por la fermentación de la piña y el piloncillo, batirá enérgicamente a desbaratar el “bloque” con ayuda de una pala de madera más grande o si es posible con un batidor globo, introduzca dos veces el volumen de la masa base del tejuino de hielo en cubos, mezcle enérgica y constantemente hasta desbaratar cualquier grumo posible, si lo prefieren pueden ir licuando por partes y depositar el liquido en un recipiente más grande en el que igualmente incorporaran hielo. Para servir prepare una copa martinera escarchada con sal y azúcar, vierta en un vaso agitador media cucharadita de sal gruesa, dos onzas de jugo de limón y siete onzas de tejuino con hielo, mezcle perfectamente y vierta en la copa, puede decorar con una rodaja de limón.


¡Disfrute de una tarde asoleada!